Soluciona tu problema

De manera profesional y eficaz

Ángel García Lafournière

Trabajo en mi consulta de psicología en Valencia desde donde te ofrezco una intervención personalizada y eficaz para resolver tus problemas de forma profesional. Avalado por años de experiencia y casos de éxito.

Entiendo que puedas tener tus miedos y tus dudas. Es normal si todavía no me conoces.

Lo único que te voy a pedir es sinceridad.

Soy psicólogo y estoy aquí para ayudarte.

Lo que mis pacientes opinan de mí y mi trabajo

Rápido y profesional

Acudí por un grave problema con mis hijos y ya no sabía cómo abordar la situación. Rápidamente el entendió lo que necesitaba y respondió profesionalmente. Muchas gracias.

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Amparo F. Psicología

Una experiencia positiva

Antes de venir aquí tenía los tics que tengo ahora pero los tenía muy descontrolados. Gracias a Mindfulness y la intervención de psicología los tics son más controlables y algunos se han quitado. También he mejorado mi atención, mis problemas de sueño, mis nervios y las obsesiones. Conocí a Ángel porque estaba buscando un buen profesional para controlar mis nervios. Con él he conseguido reducir y eliminar mis Tics nerviosos. He mejorado mi atención y mi sueño. Antes de ir a Ángel yo tenía un psicólogo que era muy bueno y me ayudaba mucho pero ese psicólogo se tuvo que trasladar a otra ciudad y ya no podía atenderme aquí en Valencia. Entonces buscando otro psicólogo que sea bueno, encontré a Ángel y yo lo probé. También vi que tenía un curso de Mindfulness y me animé a hacerlo y noté algunos beneficios. Luego empecé las terapias con él y me ayudó mucho en mis temas del sueño, mis tics nerviosos a organizarme mejor, y a estar yo más tranquilo y atento.

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Abel P. Psicología y Mindfulness

Empático y resolutivo

He ido a varios psicólogos. Ángel es un profesional muy empático y resolutivo. Aunque teníamos una línea de trabajo marcada muchas veces le hablaba de otros problemas que necesitaba atender y siempre ha sabido que responderme y cómo ayudarme. Nunca me he sentido mal y he avanzado muchísimo. Estoy muy contenta.

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Eva C. Psicología

Algunas preguntas que me suelen hacer antes de trabajar conmigo

¿Mi problema tiene solución?

Sí. En nuestra terapia nos focalizamos en el cambio del paciente. A lo largo de tu vida se han producido muchos cambios en ti, tanto en tu aspecto físico como en tu manera de pensar y relacionarte con esos pensamientos. Lo que vamos a hacer a partir de ahora es dirigir ese cambio en la dirección adecuada para que alcances ese bienestar que tanto anhelas.

Sin embargo, debes tener en cuenta que el cambio implica deseo de cambiar por tu parte. La duración y el éxito de la terapia va a depender mucho de la implicación y del trabajo de cada paciente. No tengas ninguna duda de que si te implicas a fondo, tu problema se puede solucionar.

¿Cúal es la duración de la intervención?

En nuestra consulta trabjao con objetivos y nos marcamos plazos para conseguirlos. Sin embargo, es necesario remarcar que la duración de la intervención va a depender mucho del tipo de problema a tratar, de las características del paciente y del entorno en el que se encuentra.

También es muy importante la implicación de la pareja en la terapia y cómo se trabajan en casa los ejercicios acordados en consulta.

La psicoterapia es demasiado costosa: en tiempo y dinero

  • Es cierto que hacer terapia supone un coste en tiempo y dinero, pero hacer terapia tiene un coste (en tiempo, dinero, esfuerzo, etc.), pero no hacerla también: pensemos qué nos costará a la larga a nivel emocional, afectivo, físico (salud), laboral, familiar (relaciones pareja, con los hijos, etc.), económico, etc., si seguimos como hasta ahora en áreas de nuestra vida en las que tenemos algún conflicto o dificultad. El precio más pequeño que podemos pagar es, tal vez, el de vivir una vida insulsa, sin llegar a realizar muchos de los objetivos que serían importantes para nosotros, una vida en la que tal vez no suframos mucho dolor pero tampoco obtengamos mucha satisfacción, una vida de lucha por la mera supervivencia (pagar facturas, trabajar, ver la tele, etc.) sin ir más allá, sin desarrollar todo nuestro potencial. Pero, también podemos pagar precios más altos: una depresión de por vida, una enfermedad física grave, problemas de adicción al alcohol o a las drogas, graves problemas de comunicación con nuestra pareja o nuestros hijos, ataques de ansiedad, ocupar un puesto de trabajo que esté muy por debajo de nuestras posibilidades, etc., y en general un empobrecimiento importante de nuestras vidas.
  • Puede parecer que la terapia es excesivamente cara, pero los terapeutas tenemos una gran responsabilidad hacia la sociedad y necesitamos una formación de calidad y continuada para poder ofrecer unas garantías a nuestros pacientes, y esa formación también tiene un coste elevado en dinero y en tiempo (seminarios de fin de semana, supervisiones, etc.). Además, normalmente por cada hora que estamos delante del paciente, trabajamos como mínimo otra hora en estudiar el caso y preparar estrategias para la próxima sesión. También tenemos costes de alquiler de un despacho, etc. etc. Cuentan la anécdota de un empresario que estaba muy preocupado porque no le funcionaba una máquina que era vital para el producto que tenía que fabricar. Después de intentar arreglar la máquina, él y sus operarios, y de desmontar y montar piezas sin resultado, decidió llamar a un hombre que le habían dicho que era un experto en ese tipo de máquinas. Ese experto llegó, dio un golpe de martillo en una pieza de la máquina y la arregló en dos minutos. Cuando el empresario le preguntó qué le debía, éste le dijo una cantidad desorbitada, con lo cual el hombre enfadado exclamó: “¿sólo por un golpe de martillo me cobras X ptas.? A lo cual aquél le respondió: “sólo por el golpe de martillo, no, le cobro esto por dar el golpe de martillo en el lugar adecuado y por todo lo que he tenido que estudiar antes para ser capaz de saber dónde tenía que dar el golpe”.
  • Lo que el paciente paga en la terapia es, en realidad, una inversión que hace en sí mismo, y creemos que esa es una de las mejores formas de invertir el dinero, en uno mismo, en la propia vida. En muchos casos, hemos observado que esta inversión no solo repercute en el paciente a nivel de calidad de vida, que es lo más importante, sino también a nivel monetario en el sentido de que muchas personas que no tenían trabajo, o tenían trabajos mal retribuidos, o incluso trabajos con un sueldo normal, aumentando su autoestima y sus recursos han conseguido mejoras sustanciales en ese aspecto.
  • A menudo, es también una cuestión de prioridades, de formularnos a nosotros mismos preguntas tales como: ¿prefiero, por ejemplo, cambiar de coche, irme de vacaciones a X, salir más a menudo a cenar, etc., o bien conseguir otros objetivos de desarrollo personal?

En psicoterapia, puedo verme obligado a remover o desvelar cosas que no quiero

  • En primer lugar, decir que en la terapia nunca se obliga a nadie a hacer/decir, etc., nada que no quiera hacer/ decir, etc. En todo caso, se sugieren cosas pero dejando al paciente la total libertad de seguir por ahí o no. Y se procura respetar el ritmo del paciente, sin imposiciones. Podríamos decir que es el paciente quién conduce el coche y quién, por tanto, puede poner segunda, primera, decir “aquí nos paramos un poco, por ese camino no quiero ir, voy a pisar el freno”, etc. El terapeuta es simplemente el copiloto.
  • Es posible que en algunos momentos, al remover cosas, etc., el paciente pueda sentirse más confuso y atemorizado, o triste, o rabioso, etc. Pero eso, si se da, es solo temporal y en la mayoría de casos, un indicador de que se están moviendo cosas que habían quedado estancadas. Es algo parecido a cuando nos curamos una herida con alcohol y, en un primer momento, el alcohol nos causa todavía más dolor, pero es un dolor sanador.
  • En cualquier caso, ver algo que no me gusta de mi mismo o enfrentarme al dolor de un cambio que no me resulta cómodo hacer siempre es más positivo, a la larga, que ocultarnos lo que no queremos ver porque aunque no lo queramos ver seguirá estando ahí y dándonos la lata de alguna manera (por ejemplo en forma de depresión, ataques de ansiedad, trastornos psicosomáticos, etc.).

La gente es como es y no cambia nunca

Lo que no cambia nunca es la estatura, color de los ojos, sexo, etc., pero, la conducta (lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos) sí es modificable si por lo menos una parte de la persona lo desea, aunque otras partes internas se resistan. Es cuestión de buscar la cooperación de las partes resistentes que, por miedo, pereza, prejuicios, desinformación, etc. no quieren salirse de su “zona de comodidad”.

La psicoterapia no logra cambios

  • Puede que, en unos pocos casos, una determinada terapia o un determinado profesional no logre cambios (o logre cambios muy escasos) en una persona determinada o en una situación concreta que vive esa persona. O puede que una parte de la persona esté muy resistente a los cambios: algunos dicen que un 50 % de los resultados dependen del terapeuta, y el otro 50 del paciente. Si una terapia no da resultados en un plazo de tiempo razonable, cabría buscar otras opciones (un cambio de estrategia por parte del terapeuta, o un cambio de terapeuta) pero que una terapia determinada no haya dado resultados en un paciente determinado, no implica que la terapia en sí sea ineficaz. En cualquier caso, cuántas más opciones tengamos (y ésa es una de las cosas que nos aporta la terapia: opciones), más resultados obtendremos. La PNL dice: “si lo que has estado haciendo hasta ahora no ha funcionado, haz algo diferente”.
  • Por otro lado, hay que tener en cuenta que la terapia no puede: 1) cambiar a terceras personas, 2) cambiar el entorno, 3) provocar cambios “instantáneos”: estamos en la cultura de la prisa y, a veces, no dejamos crecer la semilla, no damos tiempo a que los cambios se produzcan, 4) cambiar a una persona que no quiera realmente cambiar, es decir, que no colabore mínimamente.

Ha de ser uno mismo quién realmente solucione sus problemas

Eso me parece una actitud, como mínimo, poco realista y que seguramente proviene de prejuicios que hemos aprendido de nuestras propias familias o del entorno cultural en que hemos vivido.

Todo el mundo necesita ayuda de los demás para resolver problemas en determinados momentos, todo el mundo necesita asesores, guías, etc., tanto si es el presidente de los EE. UU. como si ocupa el último escalafón social. Y lo inteligente, es dejarse ayudar cuando uno no consigue por sí mismo salir de una dificultad o bien quiere obtener más recursos en un área determinada de su vida. Aparentar “yo puedo” o “aquí no pasa nada” para que los demás no se enteren de nuestras dificultades o para demostrar(nos) que “somos fuertes” no me parece la mejor opción.

Los amigos te pueden ayudar igual o más que un/a terapeuta

Cada uno tiene su función. Los amigos te pueden ayudar en algunas cosas y en otras no. Con los amigos, te puedes desahogar, puedes obtener apoyo y comprensión y también te pueden sugerir algunas soluciones, pero no poseen las herramientas (técnicas, etc.) que posee un terapeuta.

Los amigos ayudan a partir de su propia experiencia personal y de su capacidad de empatía como seres humanos, pero para determinados problemas les faltan recursos, estrategias. El cariño, la comprensión, las buenas intenciones, etc., son elementos muy importantes para ayudar a otro ser humano, pero a veces no bastan e incluso en algunos casos pueden complicar más la situación.

La ayuda debería ser desinteresada

Eso sería lo ideal, pero es poco realista en el mundo en que vivimos. Los terapeutas, como seres humanos que somos, también necesitamos dinero para tener no solo lo necesario para sobrevivir, sino también para poder atender a nuestras propias necesidades de crecimiento personal, etc., y para realizar toda la formación que precisamos para poder trabajar con una garantía de calidad.

La psicología es para locos

Esto ya está obsoleto por favor.

Todos tenemos nuestras cosas ¿O a caso eres perfecto? Uno va al dentista para hacerse una revisión o porque tiene un dolor de muelas. Lo mismo para con los médicos y con los psicólogos. Ir al psicólogo no es cosa de locos, es cuestión de encontrar una respuesta profesional a los problemas y dolores emocionales o sencillamente porque se quiere de información para vivir mejor.

Yo no quiero contarle mis intimidades a un extraño

O dicho de otra forma: los trapos sucios se lavan en casa. Esa extrema desconfianza ha sido, a menudo, inducida por familias cuyo limitado mapa mental les induce a ver maldad en todas partes y les impide, por tanto, obtener ayuda de profesionales cualificados y confiables. Sería algo así como si uno no se pudiera desnudar ante el médico, por ejemplo.

Cabe recordar aquí que, tanto el médico como el terapeuta, no pueden revelar absolutamente nada de lo que se les ha dicho sin el permiso del propio paciente. El material terapéutico, lo que se habla durante las sesiones, es por tanto absolutamente confidencial.

La terapia produce dependencia

  • En principio, los terapeutas lo que intentamos fomentar es la autonomía y la responsabilidad personal, no la dependencia. Intentamos que la gente descubra sus propios recursos y aprenda a utilizarlos por si misma. Podríamos decir que creemos que lo importante es “enseñar a pescar, no limitarse a dar peces”. Una terapia que fomentara mucha dependencia no sería una buena terapia.
  • Existen, es cierto, terapias de muy larga duración como el psicoanálisis, pero también existen terapias breves en las cuales se pactan un número limitado de sesiones con el paciente para resolver un problema concreto. De todas formas, la mayoría de terapias que se utilizan actualmente (excluyendo el psicoanálisis) suelen durar un promedio de 7-8 meses lo cual no me parece un tiempo excesivo teniendo en cuenta que muchas veces la persona viene arrastrando el problema (o los problemas) desde hace 30, 40 o 50 años, y la terapia es sólo una hora a la semana.
  • También creo que es cierto que hay personas que pueden utilizar las múltiples ofertas que existen en la actualidad de actividades de crecimiento personal (terapia individual, grupos de crecimiento personal, talleres y seminarios, etc.), no tanto para producir un verdadero cambio en sus vidas, sino como una forma de consumismo más, quedándose a lo mejor enganchados en un tipo de actividades que no son las más idóneas para ellos, etc., y estableciendo una especie de dependencia con esa actividad o terapeuta. Pienso que eso puede ocurrir más en actividades grupales que en terapia individual, en la actualidad. Conviene evitar que esto ocurra, pero de todas formas creo que en el peor de los casos es mejor desarrollar una dependencia de actividades de crecimiento personal que, por ejemplo una dependencia de las drogas, de los fármacos antidepresivos o de una relación destructiva. No obstante, en la mayoría de casos la gente se apunta a actividades de crecimiento personal porque realmente se da cuenta de que le aportan muchas cosas y no por dependencia como, tal vez, se pueda a veces interpretar desde el exterior de forma errónea.

Los psicofármacos son más eficaces

Los fármacos pueden ayudar en algunos casos, sobre todo los más graves, al menos para que la persona esté en mejor disposición para efectuar una terapia, pero:

  1. Existe, ahí sí, un grave riesgo de dependencia de algunos fármacos: hay que ir aumentando la dosis para que produzca el mismo efecto, etc.
  2. Los fármacos pueden “tapar” el problema, borrar las señales internas (emociones dolorosas) que nos indican que tal vez deberíamos efectuar algún cambio en la forma de pensar, sentir o hacer. El dolor es una señal del cuerpo que nos avisa de que necesitamos hacer algún cambio: anestesiar ese dolor puede tener consecuencias fatales.
  3. Muchas veces, los fármacos son recetados por médicos o psiquiatras que solamente han escuchado al paciente durante 10 o 15 minutos, sin establecer un verdadero contacto con él y con su problemática, y le dan una solución “rápida” que muchas veces no es la más idónea
  4. Muchas veces, determinados fármacos vienen avalados por una publicidad de los medios “interesada”: los fármacos proporcionan beneficios millonarios a las empresas que los elaboran. Es decir, no siempre la información que se da acerca de ellos es objetiva.
  5. Algunos fármacos tienen efectos secundarios, a veces, poco conocidos a largo plazo.

Muchas veces lo que se necesitaría cambiar no es a la persona, sino a las circunstancias de su entorno

Es cierto que a menudo la situación de muchas personas podría mejorar considerablemente si tuviera más oportunidades, en su entorno, si hubiera una mayor justicia social, etc., o si simplemente fulano o mengano dejase de hacerle la vida imposible o no tuviera la vida tan difícil por esta u otra circunstancia concreta personal que esté viviendo en estos momentos, pero:

  1. La sociedad la formamos todos y cuántas más personas potencien su desarrollo personal, se preocupen por su propio crecimiento personal, por ser mejores personas, mejores padres, mejores amigos, mejores trabajadores, persones más responsables y más felices, etc., más aumentará el nivel de la sociedad en conjunto: como ondas expansivas, el progreso de uno repercute en el progreso de muchos otros de su entorno.
  2. Si cambiamos nosotros, si aumentamos nuestros recursos personales a nivel interno, aumentaremos también la probabilidad de efectuar cambios externos en nuestras vidas o, al menos, seremos capaces de percibirlas de otra manera que no nos perturben tanto.
  3. Determinados cambios (sociopolíticos, etc.) no están directamente al alcance de una sola o de unas pocas personas y cada uno de nosotros solo podemos colaborar en parte, solo podemos formar un eslabón de la cadena para el gran cambio social que quizás muchos de nosotros deseamos, y cuanto más consigamos cambiar nosotros, más podremos contribuir a ese cambio.

De todas maneras, creemos que también es responsabilidad de los psicólogos, terapeutas, psiquiatras, asistentes sociales, maestros, etc., y de todo aquel/lla que está ejerciendo tareas de ayuda a los demás, hacer esfuerzos y desarrollar iniciativas tendentes a conseguir más justicia social, una más justa distribución de los recursos, preservar la ecología del planeta, etc., y, sobre todo, ser capaces de no perder de vista que hay una interrelación entre los problemas que tiene la sociedad y los problemas que tiene el individuo.

¿Cómo sé que un terapeuta determinado me podrá ayudar?, ¿qué garantías tengo si no le conozco?

Es conveniente, antes de comenzar una terapia, reunir una información mínima del terapeuta en cuanto a su experiencia profesional, formación, etc. y, a ser posible, tener una entrevista previa con él/lla para conocerle y resolver dudas que tengamos, etc.

Aparte de eso, la mejor garantía es ir valorando un progreso personal en la terapia, ver si realmente nos parece que vamos en camino de resolver n/ conflictos o no. Conviene dejar, de todas formas, un tiempo mínimo antes de valorar cómo nos va y dar al terapeuta un margen de confianza, y valorar también si nos parece que n/ como pacientes estamos poniendo de n/ parte el esfuerzo y la motivación necesaria. En caso de dudas, es bueno hablar claramente con el terapeuta y/o consultar con otros profesionales.

¿Quién me asegura que el interés del terapeuta no es simulado, falso?

Nadie te lo puede asegurar al 100 %, pero creemos que el trabajo de terapeuta es un trabajo muy comprometido, muy complejo y al que no resulta nada fácil dedicarse si uno no tiene un interés real por sus pacientes. Es más fácil simular interés si, por ejemplo, vendes automóviles que si trabajas de terapeuta. Creo que, en todo caso, la simulación se notaría. Pero, de cualquier forma, lo más importante, el indicador más fiable de si vamos por buen camino o no es si creemos que vamos consiguiendo o estamos en camino de conseguir resolver nuestros problemas o lo que sea el motivo de consulta.

Hay cosas que es mejor no remover y olvidarlas

En mi experiencia cuando un asunto queda inconcluso sigue influenciándote. Aunque sea sin quererlo o sin darte cuenta acabas modificando tu manera de vivir la vida acorde a las experiencias pasadas y si estas no han quedado satisfactoriamente resueltas entonces te dificultan tu día a día. Si quieres vivir de forma más libre sin la influencia negativa de estos asuntos inconclusos lo mejor es trabajarlos profesionalmente.

Los problemas se arreglan con dinero, pareja ideal, etc.

El dinero facilita la cosas pero no las soluciona…

  1. Sinceramente hay cosas que el dinero no puede resolver y la prueba son la cantidad de personas adineradas que padecen problemas psicológicos como todos los demás.
  2. Los términos ideales no existen. Normalmente somos nosotros los que nos tenemos que adaptar para ser felices. Si no cambias ciertas cosas en nuestra manera de pensar/ sentir/ actuar que están obstaculizando tu vía de progreso y desarrollo personal difícilmente lo conseguirás.
  3. Por su puesto hay límites. En circunstancias populares hay un mínimo de necesidades que necesitamos cubrir. ¿Una vez satisfechas tus necesidades básicas que es lo que te impide ser feliz?